Noche de sábado agradable en un pueblo. Jugábase la Supercopa de España horas antes, bares a reventar, pubs antiguos, pubs renovados, gasolinera "a punto de nieve", adolescentes en pleno éxtasis gracias al alcohol, treintañeras de despedida de soltera, niñas ( y no tan niñas) luciendo minifaldas y escotes de infarto, mirones que no pueden resistirse. Risas, gritos, multitud......... en definitiva, ALEGRÍA.
Lucían las estrellas cuando cuatro jovenes mayores de edad continúan con su camino rumbo al lugar de congregación de la masa popular. Caminaban juntos, platicando, contemplando el panorama contemporáneo, intercambiando líquido dulce, negro y sin gas a esas alturas de la madrugada. Fue en un instante cuando uno de los muchachos recordó que había un vehículo aparcado, no muy lejos del lugar por el que andaban. En ese preciso momento, saltó la idea de mover dicho vehículo de sitio. Uno de los cuatro adultos decidió no hacer caso a tal locura y les abandonó entre frases de mal gusto que decía entredientes.
Una vez esto, los tres jóvenes montaron en el vehículo, cuando surgió la idea de visitar un manantial precioso, cercano al pueblo. Uno de ellos no estaba muy deacuerdo, los otros dos estaban deseando, ganó la mayoría absoluta y pusieron rumbo a dicho lugar.
Sonaba la radio regional oficial, velocidad de 80 km/h, señales de STOP desaparecidas, curvas sobre la linea contínua del asfalto. El conductor no había probado una pizca de alcohol (o eso aseguraba) pero no dudaba en pisar a fondo el acelerador. Empezaron a cansarse de la melodía y la sustituyeron por un cassete denominado "GRANDES EXISTOS DE JULIO IGLESIAS".
De este modo llegaron al lugar elegido. Todo estaba oscuro, las luces del vehículo se apagaron. Justo a su lado se encontraba un coche de color blanco. Los tres compañeros clavaron sus miradas en ese coche, bajo la luz de la luna menguante, intentando comprobar con mucho disimulo si habia alguien dentro practicando el coito, pero no se apreciaba movimiento alguno de la suspensión.
Con un poco de miedo, decidieron volver al lugar del cual nunca hubieron de haber salido. El conductor del vehiculo intento presumir de la potencia de su motor intentando salir en segunda y cuesta arriba. Evidentemente, el motor quedo ahogado. Volvieron a apagarse las luces. Se hizo el silencio.
Por fin consiguieron poner en marcha el motor, y emprendieron su viaje de vuelta. De pronto, el cassete de Julio Iglesias se rompió y los tres amigos tuvieron que resignarse a volver a escuchar lo que las ondas de alta longitud y baja frecuencia transportaban. Cual fue su sorpresa cuando en la radio del vehiculo comienza a sonar un exorcismo en toda regla. La noche era oscura, la luna menguante era eclipsada por un cúmulo de agua evaporada, no había nadie más en el lugar.
Uno de los integrantes, decidió asomarse por la ventana, intentando coger hierba seca de los alrededores de la carretera. Cual fue su sorpresa cuando en pleno climax del exorcismo, el vehículo hizo un movimiento inesperado e incontrolable, intentando salir de la calzada, como si hubiese llegado la hora de la muerte de aquellos que lo ocupaban. Fuera de la calzada no había otra cosa que zarzas, en las cuales se enredo la parte distal del miembro superior derecho de aquel muchacho que asomaba por la ventana. Éste comenzó a sangrar en el acto, bajo la mirada atónita y algo temerosa del conductor y el ocupante del asiento trasero.
Necesitaban llegar cuanto antes al pueblo, había que curar esas heridas que los clavos de las zarzas habían provocado en el muchacho y que le habían dejado la mano como si de un erizo se tratase.
Cerca del pueblo, el vehículo iba a gran velocidad y con las luces largas en función, cuando al dar una curva cerrada apreciaron dos luces azules encendidas y dos agentes de la ley que no les dieron el ¡Alto! al encontrarse ocupados con otro coche al cual, con linterna en mano, intentaban desnudar agresivamente para encontrar la bolsita con los polvos mágicos de la fiesta, necesarios para que muchos entes de este mundo puedan disfrutar un sábado de madrugada.
Finalmente los tres amigos llegaron sanos y salvos al pueblo, las yagas de las zarzas fueron curadas al malherido. Todo quedo en una gran experiencia digna de aparecer en cualquier blog